por Armando Pérez.
El Festival Internacional de Cortometrajes de Barcelona entregó éste sábado sus premios a las mejores cintas proyectadas recompensando especialmente a los trabajos de animación. MECAL finaliza su edición de este año con un balance excelente tanto de programación como de cifras.
El acto de clausura arrancó con los agradecimientos y la lluvia de cifras: diecisiete días, repartidos en tres fines de semana, sesenta horas de cine, 130 cortos a competición provinentes de 31 países y setenta medios invitados. Y lo que es más importante: con gran respaldo de público estimado en 15000 espectadores curiosos que se han acercado a conocer nuevas tendencias, nuevos talentos y nuevas cintas.
El palmarés refleja una clara preferencia por la animación, cosa que ya se pudo ver en la selección de trabajos. Una predilección respaldada por el gran nivel del género visto en los cortos, como es el caso de “Dripped” (Léo Verrier, Francia) que recibió el Premio Chimay al mejor cortometraje de la sección Internacional. Un surrealista trabajo que mezcla la destreza cinematográfica con el arte al presentarnos a Jack, un apasionado del arte que roba y, literalmente, come cuadros de Van Gogh o Picasso para sentir en sus propias carnes el pintoresco contenido de las representaciones pictóricas.
“A morning stroll” (Grant Orchard, Reino Unido), se alzó con el reconocimiento a mejor corto en la sección Obliqua, apartado donde se apuesta por los trabajos más originales y arriesgados. Y arriesgada ha sido la elección ya que se trata de un trabajo delirante que gracias a la animación empieza como una cinta más y acaba siendo una catarsis de la condición humana con zombies incluidos. No en vano, el corto estuvo nominado a los Oscars en la pasada edición.
El premio al mejor trabajo documental lo otorgaron los espectadores y recayó en una cinta española: “Criterioh” (Alberto Blanco, España), un acercamiento a un joven de 23 años que con 150 kilos canta rap compitiendo por hacer la mejor rima improvisada gracias a lo cual conocemos sus problemas familiares y traumas de la infancia. Un bienintencionado corto pero demasiado “HermanoMayorizado” y, en ocasiones, parece demasiado guionizado.
Los guiones, tan infravalorados en la industria, también tuvieron su podium. Se otorgó el premio Alma al mejor guión español a “¿Por qué desaparecieron los dinosaurios?” (Esaú Dharma, España). Un potente corto, también de animación, con un más que original punto de partida: ¿y si pudiéramos ver cómo era la tierra en diferentes momentos de su historia gracias a planetas espejos? Igual de original, y saleroso, fue el discurso de agradecimientos de uno de sus directores.
Dignos de mención, por interesantes y a su vez necesarios, son los galardones otorgados por Canal+ Francia y Rádio e Televisao de Portugal – RTP2 – ONDA CURTA, consistentes en la compra de los cortometrajes y su futura emisión en dichas televisiones. Los franceses escogieron “Being Bradford dillman” de Emma Burch, una historia animada que respira crueldad y soledad en cada uno de sus segundos. Por su parte, los portugueses seleccionaron cuatro trabajos, entre ellos “Matador on the road” del español Alexis Morante.
MECAL también contó con un jurado joven que premiaron uno de los mejores cortos que quien escribe ha podido ver en el festival: “Bobby Yeah” (Robert Morgan, Francia) con un peculiar asesino en serie como protagonista.
Con éstos, y algunos más, premios se despide la decimocuarta edición del Festival Internacional de Cortometrajes de Barcelona, irguiéndose como un sólido y consolidado proyector de trabajos de carácter internacional. A la entrega de premios acudieron diversos representantes de los patrocinadores, tan sumamente necesarios en estos eventos. Igual de necesario que es y será éste festival para los realizadores y amantes del cine.






















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